Opioides y capitalismo

En 2021, alrededor de 107 mil personas murieron en Estados Unidos por sobredosis. Opioides como la heroína y el fentanilo son particularmente peligrosos.

Antes de la pandemia, unos 136 norteamericanos morían cada día por sobredosis de este tipo de sustancias. Esos números han empeorado. En 2023, la cifra llegó a más de 81 mil muertes, unas 221 por día.

Los estudiosos concuerdan con que, en buena medida, la crisis se desató por la actuación irresponsable de farmacéuticas y médicos que, con objetivos de lucro, facilitaron el acceso  a los fármacos. Un ejemplo claro es la promoción y difusión de la oxicodona, que se vende bajo la marca Oxycontin.

La farmacéutica Purdue Pharma, de la familia Sackler, implementó una agresiva estrategia de propaganda y se asoció con médicos de todo Estados Unidos para colocar el OxyContin como un analgésico inocuo. La realidad es que muy adictivo y es la puerta de entrada a otros opioides más peligrosos.

Los Sackler han acumulado una fortuna de más de 10 mil millones de dólares, pero han caído en desgracia ante el tamaño de la crisis. Purdue se declaró en bancarrota en 2019 y tendrá que pagar cantidades exorbitantes a los afectados. Eso, sin embargo, no ha detenido ni detendrá la crisis de sobredosis.

Con una perspectiva marxista, podemos ver aquí los efectos extremos de la privatización y la mercantilización de la salud. Al convertirse en industria y guiarse por objetivos lucrativos, las medicinas son vistas como mercancías y el desarrollo de fármacos es una oportunidad de negocios. Es la medicina en el ámbito del capitalismo.

Colocar en el mercado medicamento adictivos representa, a ojos de un capitalista, una gran oportunidad: habrá cada vez más consumidores cautivos. Los médicos, por su parte, que también se guían por las ganancias, ven esto también como una oportunidad de obtener una rebanada del pastel, por comisiones u otros estímulos que les dan las empresas farmacéuticas.

Aunque puede parecer inmoral y también se le puede tachar de ilegal, lo que hizo Purdue Pharma con el OxyContin es perfectamente coherente con los parámetros de la “valorización del valor” o el lucro.

Marx vería aquí un ejemplo muy elocuente del "fetichismo de la mercancía" y de cómo los valores adquieren una segunda "esencia" como valores de cambio.

Como valor, un medicamento tiene propiedades o características que satisfacen una necesidad humana. Pero, como mercancía, lo que importa es que se intercambie con ganancia. Esta segunda "esencia" puede terminar por contravenir a la primera. Hay una contradicción.

Un medicamento, que debería curar, lleva a la muerte cuando es "subsumido" completamente por la forma mercantil. Igualmente, la educación, hecha para formar o educar, puede simplemente deformar a las personas si se convierte en un mero negocio. Y, en términos generales, el sistema económico completo, que tendría como fin producir los bienes para la subsistencia y el bienestar de las personas, nos podría llevar a la extinción por cuestiones ambientales y conflictos sociales.

Aquí entra también el concepto de la enajenación: lo que es obra del ser humano se nos enfrenta como algo extraño que amenaza nuestra propia existencia.

Sin caer en un tono sibilino, la crisis de los derivados del opio en Estados Unidos está mostrando, quizá, que el capitalismo en su etapa tardoindustrial genera fenómenos extremos en los que la contradicción entre el valor y el valor de cambio destruye vidas y carcome sociedades enteras.

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