Luigi Mangione y el anarquismo
En una aproximación, podemos decir que el terrorismo una forma de violencia con fines políticos. A diferencia de, por ejemplo, un asesino en masa, que mata a un grupo de personas por motivos personales, desórdenes mentales o cualquier otra causa, el terrorista mata como parte de una táctica ligada a una ideología.
Para el estudioso español Juan Avilés, el terrorismo tendría un origen reciente, en el seno del socialismo revolucionario y también del nacionalismo. Sería hasta el último tercio del siglo XIX cuando surgiría en su acepción contemporánea.
En el ámbito del anarquismo, ya desde 1877 se definió formalmente el término “propaganda por el hecho”, cuyo objetivo era lograr un impacto en los medios de comunicación, particularmente en la prensa. Se trataba de enviar un mensaje al conjunto social, que removiera las conciencias, que creara también un clima de incertidumbre y que golpeara el aparato estatal.
Una ola de atentados
Con precursores como los rusos Mijaíl Bakunin (1814 – 1876) y Piotr Kropotkin (1842 – 1921) y los italianos Carlo Cafiero (1846 – 1892) y Ericco Malatesta (1853 – 1932), el denominado “anarquismo insurreccional” actuó contra monarcas como el emperador Guillermo I de Alemania y Alfonso XII de España, sin éxito.
Pero el 13 de marzo de 1881 terroristas de izquierda revolucionaria lograron asesinar en San Petersburgo al zar Alejandro II, quien ya había sobrevivido a varios intentos de magnicidio. Los responsables fueron miembros de Narodnaya Volya (“Voluntad del Pueblo”), una organización radical que había hecho suya la táctica de la “propaganda por el hecho”.
El 25 de junio de 1894 el anarquista italiano Sante Geronimo Caserio apuñaló y mató al presidente francés Marie François Sadi Carnot en Lyon. Fue juzgado y guillotinado.
El 10 de septiembre de 1898, otro anarquista italiano, Luigi Lucheni, mató a la emperatriz Isabel de Austria en Ginebra, Suiza.
Ideas similares guiaron al anarquista Gaetano Bresci, quien asesinó a tiros a Humberto I de Italia, en Monza, el 29 de julio de 1900. El monarca también había sobrevivido a varios atentados.
Con hechos como éstos, los anarquistas lograron crear una atmósfera de violencia contra los gobernantes de toda Europa.
El atentado de Mangione
El 4 de diciembre de 2024, el estadounidense Luigi Nicholas Mangione, de 26 años y con ascendencia italiana, mató a tiros a Brian Thompson, CEO de la división de salud de UnitedHealth Group, una corporación multinacional.
En las balas que utilizó, Mangione había inscrito “Delay”, “Deny”, “Defend” (“postergar”, “negar”, “defender”), que serían las estrategias de aseguradoras como UnitedHealth para rechazar las exigencias de sus clientes. Después de una cacería humana de una semana, Mangione fue arrestado y ahora enfrenta cargos por los que podría recibir la pena de muerte.
Se ha discutido mucho sobre los motivos del joven, que está a la espera de su juicio. Se ha difundido un manifiesto suyo de apenas 262 palabras, que llevaba con él cuando fue detenido. En ese documento se menciona a Ted Kaczynski (1942 – 2023), el Unabomber, un terrorista que envió cartas-bomba a ejecutivos de aerolíneas y empresas tecnológicas desde una cabaña rural, en Montana. En ese mismo texto, se menciona la necesidad de luchar contra los “abusos corporativos” y el autor declara haber actuado solo.
Si nos quedásemos con esta parte de la historia, podríamos ligar a Mangione no sólo con el terrorismo (porque habría ejercido la violencia para enviar un mensaje político) sino también con el anarquismo, que fue la ideología que guio al Unabomber. Pero quizá las cosas no sean tan sencillas.
¿Mangione es un revolucionario?
Muchos han considerado heroicas las acciones de Luigi Mangione. Aunque no han salido a la luz filiaciones ideológicas claras, el haber actuado contra un ejecutivo de una corporación de seguros, en un contexto de privatización de los servicios de salud y un sistema enfocado hacia el lucro, se ha argumentado que los actos del homicida confeso son una manifestación de ira que muchos otros ciudadanos podrían compartir.
El también ingeniero en sistemas sufre de una desviación en las vértebras y, según algunas versiones, enfermedad de Lyme, una infección transmitida por garrapatas. Al parecer, tuvo también algún accidente mientras surfeaba. Esto se ha referido como posibles causas de su descontento con los servicios sanitarios y los seguros.
¿Podríamos, de alguna manera, comparar a Mangione con los anarquistas revolucionarios de finales del siglo XIX y principios del XX? Sería complicado. En las publicaciones de redes sociales y opiniones que se han encontrado en internet, lo que puede colegirse es que su ideología política no sería para nada cercana ni al anarquismo ni a la izquierda revolucionaria.
Mangione se había expresado en contra del “wokeísmo”e incluso había mostrado su preocupación por el declive del Cristianismo. En general, se ha descrito su pensamiento como típicamente conservador. Puede decirse que su ideología no es sistemática, ni particularmente fundamentada. Su descontento contra las corporaciones parece ser estándar, con motivos individuales.
Es sintomático que en una época en la que la izquierda revolucionaria parece derrotada, marginal e ignorada, un joven como Mangione sea glorificado por voces progresistas. Se revela el enorme hueco que ha quedado después de movimientos como Occupy Wall Street o incluso el Black Lives Matter.
El propio Kaczynski actuó por una ideología que ha sido denominada como “neoludita”, por los antecedentes en el movimiento inglés del siglo XIX de los obreros que se oponían a la maquinaria porque los desplazaba de sus puestos de trabajo. El Unabomber negoció dejar de enviar bombas a cambio de que se publicara un manifiesto, “La sociedad industrial y su futuro”, en el que expuso su visión del capitalismo según lo que ya podía avizorarse en los años noventa.
Comparado con ese manifiesto, las breves palabras de Mangione no dicen prácticamente nada nuevo, ni nada radical. La muerte de Brian Thompson puede apuntar a un descontento real y fundado, contra la subsunción del sistema de salud estadounidense en los esquemas del capitalismo más descarnado. Pero las acciones de Mangione no pueden ser tomadas sin más como un modelo a seguir o como la expresión de una ideología anticapitalista, igualitarista, anarquista o de izquierda. Hace falta mucha labor crítica para extraer qué sería lo provechoso de ese mensaje que él envió.
De hecho, parece que, más que promover algunas ideas revolucionarias, Mangione ha servido para la comercialización de productos con su imagen y para que se desaten discusiones sobre su atractivo físico. Pronto se ha convertido en un icono de la cultura pop. Y, como moda, pronto pasará al olvido.
En su pensamiento encontramos más a un individuo moldeado por esa ola conservadora que, por ejemplo, ha llevado otra vez a Donald Trump a la presidencia. Esa ola es muy distinta que la ola revolucionaria de hace más de 120 años. Comparada con ella, lo que tenemos ahora, más que una ola, parecería una resaca reaccionaria.